Juan Eduardo Silva es un hombre de pocas palabras. Alrededor de él, hay cinco “gurises†que no se le despegan. Juan es el padre de los cinco y está separado, dice que la situación es complicada por momentos, pero que le dan una mano con las tareas de la casa y que lo ayudan con todo lo que pueden.
Ir a la ciudad por provisiones es una actividad que toca de vez en cuando y que, con todo el tema de tragedia sanitaria, la esquivan hasta que ya no se puede evitar más. La mayor parte de los dÃas pasan entre una canoa modesta y la pesca. Cuando se lo consulta sobre la bravura del Paraná, hace una mueca y suelta un “cuando hay viento, se pone picanteâ€; ante la repregunta sobre si alguna vez sintió miedo responde, contundente: “No, nuncaâ€.
Cuenta que, dentro de poco, será tiempo de mudar la casa de dos plantas un poco más abajo. “El agua está comiendo mucho la costa y, si viene una crecida, la podemos pasar malâ€, argumenta.
-Tardo un dÃa para desarmarla, otro para trasladarla y otro para volverla a armar.
-Tenemos una carpa grande y, bueno, nos sacrificamos un par de noches ahÃ.
A pesar de tener una vida casi de tiempo completo como isleño, confiesa que el coronavirus le complicó la cotidianidad. “Desde acá se ve la Escuela (la n.º 27), pero los chicos no pueden ir por todo lo que está pasando, ¿vio? Entonces, les traen las tareas a casa y acá las tratamos de hacerâ€, afirma.
Los chicos lo siguen a todos lados y él se encarga de preguntar (con mucho disimulo) si ya todos tomaron su mate cocido y comieron un pedacito de pan. Está contento porque el rÃo le regaló algo para poner en la mesa y sabe que eso no es poco por estos dÃas; en invierno, los peces no abundan por el rÃo y son más las veces que se vuelve con manos vacÃas que las que se trae algo.
“Cuando uno sale a pescar, se tiene que levantar bien temprano (a eso de las seis de la mañana) y a eso de las siete se sale al rÃo. Como a esa hora, en esta época del año, hace mucho frÃo, hay que paliar el frÃo tomando mates con unos pancitos, o unas tortas fritas. A las dos horas, uno se da cuenta de si es un dÃa bueno o malo para el piqueâ€, menciona y, por su gesto, se sabe que hoy fue una de esas mañanas buenas para él y los suyos.
De camionero a pescador
Varios kilómetros más adelante de donde vive Juan Eduardo, está Silvio Cáceres. El hombre vive con la familia de su hermano en una isla ubicada más cerca de Baradero que de San Pedro, aunque, por estos lados, los lÃmites son bastante más borrosos que en la ciudad. Silvio cuenta que lleva un mes como huésped y avisa que su hermano y su mujer no están en casa porque se fueron a llevar a su hija al médico.
-¿Dudaste antes de venir a la isla?
-No lo dudé ni un segundo, porque en este lugar quedás aislado de todo. Hace 27 años que soy camionero y, cuando arrancó la pandemia, me comà cada garrón. SalÃa con la mercaderÃa y, cuando llegaba a la segunda ciudad, no me dejaban entrar; les decÃa “loco, llevo alimentosâ€, pero no me dejaban pasar, mi jefe me tiraba la bronca, y para mÃ, todo era un quilombo, renegaba mucho. Hasta que un dÃa le dije al dueño del camión “No trabajo másâ€, me estaba haciendo mala sangre por algo que no habÃa generado y corriendo el riesgo de enfermarme.
-¿Qué es lo más duro de la vida acá?
-Es que, si llega a pasar un accidente jodido, no tenés nada cerca. Esta es una zona de mucha yarará y acá está muy complicado todo porque no tenés nada cerca. A nosotros nos tocó que hace un mes falleció un hermano en la ciudad, y nosotros estábamos acá. En lo personal, detesto los velorios y hago mi duelo yo solo. No querÃa ver cómo lo enterraban y, a pesar de todo el dolor, la mastico asà y lo recuerdo como que jodimos, nos reÃmos y nos divertimos, pero ya pasó. Me quedé acá, no volvÃ, pero lo recuerdo todos los dÃas. Con mi hermano, con el que vive acá, nos abrazamos y listo.
Silvio tiene el rostro curtido; entre la mezcla de sensaciones por todo lo que la pandemia trajo aparejada, explica que ahora pasa sus dÃas pescando con redes y saliendo a cazar nutrias. “Solo lo que se comeâ€, agrega, orgulloso: “Hay que cuidar a los animales, no se los puede matar indiscriminadamenteâ€.
-Cuando pase todo, ¿te vas a instalar acá o vas a volver a subirte al camión?
-Cuando vuelva todo a la normalidad, creo que me voy a vivir a Puerto Madryn. Esto es muy lindo, pero me gustarÃa volver y llegar a Puerto Madryn; quiero vivir de nuevo en la civilización. Todo está en stand-by por la pandemia, pero espero poder volver dentro de poco.
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