Lunes, 20 de abril
Música

Paul McCartney, a lo largo de los años

Una guía completa del concierto que trae al Beatle por tercera ver a la Argentina.

Digámoslo una vez más: Paul está vivo. Y a un mes de cumplir 74 años, diez más de los que había imaginado como fecha de jubiliación (¿recuerdan aquello de cambiar fusibles, alquilar una casita de verano y sentar en su regazo a los nietos, que cantaba en “When I’m Sixty Four”, incluido en el Sgt. Peppers... de The Beatles?), el hombre continúa arriba de los escenarios. Aquí, allá y en todas partes. Acompañado por su banda en una nueva gira mundial (One on One, que esta noche aterrizará en el estadio Mario Kempes de Córdoba y el 17 y 19 llegará al estadio Único de La Plata) o rodeado por las nuevas generaciones de artistas en diferentes encuentros musicales (Kanye West, Rihanna, Dave Grohl, entre otros).

En los últimos 53 años, McCartney editó casi un disco de estudio por año (con los Beatles, Wings, The Fireman y también solo) y otra decena de registros en vivo, dejando una discografía tan prolífica como dispar, aunque siempre con un nivel compositivo por encima de la media. Junto a sus amigos John, George y Ringo cambió para siempre la historia de la música popular occidental; con Wings (la banda que formó con su primera esposa, Linda) y en soledad, fue testigo del nacimiento, el desarrollo y, en algunos casos, la muerte de todo tipo de subgéneros surgidos en torno al rock y el pop: la música disco, el heavy metal, el rock progresivo, el punk, la new wave, la música electrónica, el grunge, el hip hop y hasta el brit pop que, a mediados de los años 90, le devolvió el trono agradeciéndole su influencia.

En esos años, sin mirar demasiado lo que ocurría a sus costados, McCartney fue detrás de la canción perfecta, mientras intentaba despegarse lo más que podía del estigma Beatles; se adelantó al uso de sintetizadores que marcaría el rumbo de los años 80 (McCartney II) y probaría su capacidad para formar sociedades con artistas como Stevie Wonder (Tug of War), Michael Jackson (Pipes of Peace), Elvis Costello (Flowers in the Dirt) y Jeff Lynne (Flaming Pie).

Luego de darse el gusto de incursionar en la música clásica (Liverpool Oratorio Standing Stone), la electrónica (Strawberries Oceans Ships Forest Rushes) y el rock and roll (reinterpretando clásicos de sus héroes musicales en Choba B CCCP Run Devil Run, con la participación de David Gilmour), fue a fines de la década del 90 que pareció reconciliarse definitivamente con su pasado y con el nuevo milenio sobre sus espaldas grabó una seguidilla de discos con espíritu beatlesco que lo devolvieron a su mejor forma:Flaming Pie, Driving Rain, Chaos and Creation in the Backyard y Memory Almost Full.

Siempre inquieto, la última década lo encontró más activo que nunca, con un ojo puesto en el legado de los Beatles (remasterizaciones y digitalizaciones de su catálogo) y el otro en el futuro: la inclusión de la banda de Liverpool en el RockBand, la composición de un tema para un videojuego (Destiny), la grabación de una canción junto a Kanye West y Rihanna y hasta la innovadora creación de sonidos para acompañar emoticones en los mensajes por el día de San Valentín.

Infografa Gabriel Podest
Infografía: Gabriel Podestá. Foto: LA NACION / Bilboard / All Music / paulmccartney.com

Y mientras tanto, sigue girando. Porque McCartney ha sido un animal de escenario que siempre necesitó del contacto con sus seguidores (ya en Yellow Submarine, película estrenada dos años después de que los Beatles abandonaran los conciertos, se podía ver al dibujo animado de Paul saliendo solo de un cuarto, aplaudido por un público que le arroja flores a su paso) y que por el momento no da señales de retiro a la vista.

Hoy, lo que decide mostrar en vivo de su vasto repertorio son aquellas composiciones de los Beatles sin tiempo ni lugar (más de la mitad de su set), algunas gemas revitalizadas con los años de sus primeros esfuerzos solistas y del grupo Wings (de la década del 70) y apenas tres o cuatro canciones de sus últimos lanzamientos discográficos. Nada de los años 80 y 90 (décadas que parece renegar desde hace tiempo) ni de la primera década de 2000 (una producción con muy buenas canciones que nunca tuvo demasiado espacio en sus shows de estadio).

Sí, Paul está vivo y vuelve a ofrecer su corazón arriba de un escenario argentino, apoyado en esa única convicción hecha canción hace ya más de cuarenta años y con la que cierra todos sus conciertos: “Y en el final… el amor que recibes es el amor que das”.

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