Dolores | COMUNICADO DE LA SECRETARÃA DE SEGURIDAD SOBRE NOTICIA FALSA
A partir de su disminución visual, impulsó un método de equinoterapia
Marina RodrÃguez descubrió que la práctica de equitación contribuyó a retardar el avance de su problema en la retina.
Marina RodrÃguez dice la frase con la naturalidad más absoluta en la charla con Entremujeres, desde su casa en el Oeste del Gran Buenos Aires. Sin dudas, ella integra el segundo grupo y ese pensamiento funcionó como un nexo que hilvanó su vida.
Porque Marina nació con retinosis pigmentaria, una enfermedad congénita y progresiva en la retina y que implica que la visión vaya apagándose de a poco. A partir de eso, comprobó que el contacto con caballos puede dar vuelta la certeza más brava y, de nuevo a partir de eso, supo que lo mismo que a ella le dio un buen resultado podÃa ayudar a más personas, de cualquier edad y con distintas discapacidades.
A los once años, hoy tiene 45, comenzó a practicar equitación y a competir en las disciplinas convencionales de la especialidad. “Me costaba mucho. Pero igualmente podÃa hacerlo. En un principio a mis padres les daba un poco de miedo que hiciera esta deporte. Pero insistà tanto que accedieronâ€, aclara. Estaba en plena época de colegio y para que no hiciera un esfuerzo innecesario con su vista, muchas veces sus familiares leÃan por ella los apuntes y resúmenes.
Más grande y buscando su propio camino, empezó a dar clases de equitación para chicos. “Me daba cuenta de que con solo practicar el deporte mis alumnos mejoraban la memoria y la concentraciónâ€. Al mismo tiempo, su enfermedad empezaba a avanzar a un ritmo mucho más lento de lo esperado.
Sin una respuesta cientÃfica, llegó a la conclusión que hacer lo que más le gusta y poder aplicarlo para los demás puede haber sido un motivo de esta buena noticia. Y, entonces, por qué no indagar un poco sobre estos beneficios.
A pura intuición
Sin la comodidad de la web ni programas de lectura de pantalla en la compu (hoy se maneja con un sistema que narra oralmente los mails, archivos y todo lo que se le ocurra goooglear), empezó a mandar cartas a las embajadas preguntando si sabÃan de alguna terapia que utilizara el beneficio de los caballos.
La vista ya más gastada esta vez tampoco fue una traba. Su papá se ocupó de escribir y mandar los mensajes y también de buscar investigaciones que comprobaran su experiencia. “Fue un trabajo de hormiga. No sabÃa si iba a dar frutos. Pero sentÃa que lo tenÃa que hacer. Lo que me impulsaba era mi pasión por los caballosâ€.
Después de un tiempo, en el año 97, le llegó una invitación a un congreso en Brasil de la especialidad. Viajó sola por primera vez y volvió con muchas ideas y fuerzas para concretarlas. “Aprendà en ese momento que se podÃan tratar distintas situaciones, fÃsicas o neurológicas, y que era necesario contar con un lugar adaptadoâ€. Surgieron después más convocatorias internacionales con grupos que estaban en el mismo camino.
“Empecé a escuchar por primera vez que existÃa la palabra equinoterapia. Conocà otro centro que estaba funcionando en Palermo, pero estaba más enfocado como actividad de esparcimiento para chicos con dificultadesâ€.
Concretar un sueño
Siguió la etapa de darle forma a su iniciativa. El primer paso fue conformar una institución, hoy la Asociación Argentina de Equinoterapia. “Costó mucho que aprobaran el proyecto como asociación, un requisito indispensable para conseguir recursos (nota: no cuentan con ayuda del estado y se mantiene con donaciones y el trabajo de voluntarios). Era una disciplina muy nueva y no se sabÃa bien de qué se tratabaâ€.
Como no consiguió que le cediera el Estado un espacio fÃsico, un tÃo pudo comprarle el predio donde finalmente instaló las caballerizas, la infraestructura para las clases y su casa, y donde funciona actualmente el centro.
Allà brindan apoyo terapéutico en conjunto con los médicos que siguen cada caso y profesionales de distintas disciplinas que integran la fundación a personas con trastornos generalizados del desarrollo, problemas neurológicos (como hidrocefalia o parálisis cerebral) o sensoriales. “Los beneficios son a mediano y largo plazo. Buscamos que cada persona tenga la mayor autonomÃaâ€.
En el funcionamiento de la asociación, su familia ocupa un lugar destacado. Sus papás llevan adelante la parte administrativa y su hermano, técnico agrónomo, el cuidado de la tierra. Ella, en cambio, coordina las tareas y entrena a los caballos para las terapias.
Además, cuentan con un equipo interdisciplinario y dos encargados del cuidado de caballos que forman parte de un programa de inclusión para jóvenes con discapacidad.
Rutina elegida
El ritmo cotidiano de Marina está totalmente integrado al mundo de los caballos. También es jinete en disciplinas paraecuestres (para personas con diferentes problemas fÃsicos) y cada tanto participa en las competencias.
Solo cambia su refugio natural y el cuidado de los animales para hacer un concierto o poner su voz en un casamiento -es cantante lÃrica y la ópera es su otra pasión- o por las obligación de abastatecerse. “Vivo sola hace dos años. Tengo una persona que me ayuda y trato de organizarme para no tener que salir tanto. Mis padres están muy cerca, pero trato de ir pidiéndoles cada vez menos favoresâ€.
Sobre su recorrido, la respuesta deja el mensaje más positivo. “Tener la Asociación es para mà haber cumplido mi misión en la vida. Todos los dÃas confirmo que esto es lo que tengo y quiero hacerâ€, finaliza.
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