Escuchar artículo

La escena la conocemos bien: un armario lleno de ropa, nada que nos llame especialmente la atención y el eterno “¿Qué me pongo?”. Ni la mismísima Lily Collins, cuyo arriesgado vestuario ha tenido a miles de espectadores enganchados a la serie Emily in Paris, se libra del dilema. Más que un ejercicio de estilo, para la actriz británica, vestirse es un ejercicio de consenso. Un acalorado debate interno en el que cada una de nuestras personalidades parece tener voz y voto: la ambiciosa, que quiere causar buena impresión; la prudente, que prefiere ir cómoda y segura, y esa otra, la más demoledora, a la que nada le sirve.

Seguir leyendo